Sentado en popa, en la bita
entre estachas arranchadas
observa el joven marino
la estela de las paladas
que la hélice del buque
y el roce de casco y agua
al navegar todo avante
van dejando atrás marcada
cual camino sinuoso
por hallarse en marejada
determinando que el rumbo
y la estela antes mentada
direcciones son opuestas
que lo alejan de su casa.
Esta nueva singladura
por la nave ya tomada
genera en el marinero
por la querencia alejada
nostalgia por los recuerdos
de su familia, su amada,
amigos y conocidos
por su tierra abandonada
de pronto una voz le saca
de su calma cavilada
y entusiasmo le introduce
otra vez como si nada
era del contramaestre
no era voz, era gozada
un gran número de peces
con sus alas desplegadas
pasaban por el costado
con una gran volandada
todo el mundo hacia babor
allí daban la pasada
hasta que se sumergían
terminaba la algarada.
Entonces por estribor
aparecían en manada
los juguetones delfines
la dotación se traslada
a la proa de la lancha
a observar emocionada
a mamíferos jugando
a velocidad marcada
algo mas que la del barco
para evitar la embestida
por la roda y una herida
pues pasan siempre contentos
con gracia de banda a banda
saltan, bailan, chapotean
y se pierden en el agua
hacen ver que te comprenden
te quitan penas y marcas.
Por la aleta de estribor
una tortuga dormida
a la altura del través
tiburones navegaban
enseñando sus aletas
el temor les infundaban
la ballena y su familia
otros barcos saludando
y un sinfín de maravillas.
Temporales muy, muy fuertes
bandazos y pantocazos
golpes de mar, los mareos
que una vez que han pasado
se queda muy satisfecho.
Avatares y temores
peligros, derrotas duras,
le hacen conocer la mar
su grandeza y su bravura.
Y aprendió el joven marino
a quererla con respeto
a admirarla con ternura
a hacer de ella su novia
y a contar mil aventuras.
Alfonso
Barroso Pérez
A MI GENTE
Delego en todos aquellos
Que a mí me tienen presente
Por activa y por pasiva
Delego en toda mi gente
Dad a conocer mi historia
Mis culturas, tradiciones
Caballas, si así lo hacéis
Generareis ilusiones
Contad cuan hermosa soy
Y donde estoy enclavada
Generad curiosidad
¡No quiero estar olvidada!
Sé que puedo ser ejemplo
Para este mundo tan cruel
Pues con cuatro religiones
Ninguna a mí me es infiel
Conviven y se respetan
Desde tiempo inmemorial
A mí me llena de orgullo
¡Que ocurra en el mundo igual!
Española por derecho,
Demócrata convencida
A quien gobierne le pido:
No me deje adormecida
Reivindico todo esto
Por convicción demostrada
Que cuanto más tiempo pasa,
Más me siento abandonada
Sé de grupos de nativos
Que con esfuerzo y tesón
Organizados divulgan
De su tierra la ilusión
Orgullosa yo me siento
Que estos, sin estar en mi
Hagan que se me conozca
No sólo por Perejil
Sé que me tienen presente
Por eso en ellos delego
Portavoces de mi causa
Caballas ¡qué buena gente!”
Estáis lejos,
¡Sé que es duro!
Que añoráis estar aquí
¡Lo estáis, os lo aseguro!
Que esta madre querenciosa
Por siempre os tendrá presente
¡Contad a todos quién soy!
Los caballas son mi gente
Porque confío en vosotros
Por eso en todos delego
Me llamo Ceuta
¡Y os quiero!
Alfonso
Barroso Pérez
TEMÍ POR LOS CIEN MORENOS
Refrescándome la brisa
Observaba ensimismado
La belleza que divisa
En García Aldabe sentado
El caballa que sin prisa
Al mirador se ha acercado
El volar de la pavana
Meciéndose con el viento
La estela de los vapores
Cuando cruzan el estrecho
La flora que me rodea
La masa de agua marina
La ciudad, Ceuta, preciosa
Desde aquí se te adivina
Tu grandeza, tu talante
Tu dura historia te mima.
De pronto fijo mi vista
En la mar, en calma chicha
Grande fue mi desconcierto
Gran temor, mi sentimiento
Una patera navega
La tripulan cien morenos
No aguantará, sobrecarga
Su derrotero es incierto
Detecto rumbo a Tarifa
Ahora no le sopla el viento
Alejada varias millas
Navegando mar adentro
Negros presagios se ciernen
Sobre cien aventureros
Que buscando un porvenir
Quieren cruzar el estrecho
Me lo dice el corazón
Mi instinto de marinero
Y las nubes que aparecen
Significan, nada bueno
Presto dirijo mis pasos
A dar aviso costero
A evitar esa desgracia
A que no haya tantos muertos
A querer que desde Ceuta
No salgan tantos pateros.
Alfonso
Barroso Pérez
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