Excelsa Reina, bendita
Patrona de Extremadura:
Hoy de tu trono a la altura
sube una nueva visita.
Este es el punto de cita
que se dan tus hijos buenos;
que tu no tienes a menos,
sin que más amor les cobres,
el recibir a tus pobres
hijos de miserias llenos.
Sonó la voz del vigía,
que en la torre de la roca
donde velarnos le toca,
presuroso repetía:
<¡¡Hay que acudir a María!!>
Y el eco susurró blando;
y a todos la voz llevando,
de boca en boca pasaba
y <¡¡a Guadalupe!! -clamaba-
que allí nos está esperando.>
Y se propagó el contagio
del gozo en los corazones;
que en nuestras nobles regiones
no a padecido naufragio
este amor que por sufragio
general de la Señora
de este alcázar moradora
y hermosísima serrana,
el cetro de soberana
y el cayado de pastora.
Y venimos a tu lado
de placer el alma llena,
mientras se quedan con pena
los que este afán no han logrado;
que no hay gozo más colmado
que el de la dulce visión
de Guadalupe, ilusión
que en el grande y el pequeño
hace de todo extremeño
la vida del corazón.
Por eso, Madre, pedimos
tus materiales caricias,
que aumentarán las delicias
que en tu presencia sentimos.
Pobres de casa salimos;
mas ¿qué importa es pobreza,
si ante la inmensa riqueza
que tu bondad nos ofrece
todo el mundo parece
ruindad, miseria y vileza?
Recreándonos la aurora
con su más dulce sonrisa,
y mecidos en la brisa,
hemos buscado esta hora.
¡Oh, con qué envidia. Señora,
nos han visto caminar
y hacia tu alcázar volar
las llanuras y los montes,
salvando cien horizontes
para venir a tu altar!.
Porque están en su camino
nos parecieron más bellos,
cual si emitieran destellos
de tu resplandor divino.
Y nos daban de contino
para ti, bella criatura,
las montañas su bravura
y los arboles sus pomas
y las flores su aromas
y los valles su frescura.
<¿Y vosotros -nos preguntas-
qué traéis?> Madre, ¿qué quieres
que traigamos?. Padeceres,
lágrimas y penas juntas.
Estas son cosas presuntas;
y estos los ofrecimientos
que en tan solemnes momentos
le hacemos, como presente
a nuestra Madre clemente:
Dolores y sufrimientos.
Nuestra diversas edades
nos van dando con los años
esperanzas, desengaños...
nunca hermosas realidades.
Por eso ante tus bondades
ves que se presenta herida
en el albor de la vida
la arrogante juventud
sangra pena sin medida.
Si hay una felicidad
es la de morar contigo,
la de vivir al abrido
de tu amor y tu piedad,
y gustar en toda edad
de tus puras dulcedumbres;
la de subir a estas cumbres
que tan cerca están del cielo
y reflejan en el suelo
los fulgores de sus lumbres.
Por eso en nuestros dolores,
henchidos de confianza
te traemos esperanza,
chorro de anhelos, y amores.
Cada uno sin temores.
-tan liberal te presentas-
sabrá rendirte sus cuentas
de los favores perdidos,
aunque de los recibidos
no pueda pagar las rentas.
Pero hay una petición
que hacértela de mi modos
está en el interés de todos:
la salud de la nación.
De esta Peregrinación
es la principal campaña.
Tu sabes con cuanta saña,
con qué furias infernales
la acometen tantos males.
Madre nuestra, ¡salva a España!.