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RECUERDOS: La escuela de tía Matilde
Aún
recuerdo, hace muchos años, era yo mu
chiquinino, como íbamos a la escuela de tía Matilde, o de los cagones
como nos llamaban los mas grandes, estaba situá en la casa que ahora está al
lao del bar de Minguín (regentao por Ceci), onde viven la familia Caballero
Prieto, tenía una portá igual a la de los Medranos en la calle
el Cristo o la de tío Paco Metro, era preciosa, toa de cantería, bueno
a lo que
íbamos, la silla la llevábamos desde casa, la mayoría eran las
clásicas banquetas y de material de estudios la pizarra, el pizarrín
y el trapo colgando de la pizarra para que no se perdiera, cuando hacíamos
algo en ella, salivazo y a limpiar pa otra cosa, joe, que contentos íbamos
a esa "escuela" aprendíamos
canciones, nos contaban cuentos, intentaban enseñarnos algunas letras.
Una de las hijas de tía Matilde, creo recordar que se llamaba Mari Tere, era
la encargá de darnos su saber y hacerse con el cariño de tos los
muchachinos del pueblo. Cuando salíamos de la escuela, era paso obligao
el ir a escupir al judío, una cubierta-adorno de un canalón que
aún
existe en la antigua casa de Nogales, habitá hoy por tío Juan Barroso
y que grande se nos hacia el judío ese, teníamos que pegar los
mas grandes saltos pa poder llegar a el, porque el galipo tenía que ser
en la cara fea de ese bicho tan feo, ¿que que era el judío?, y
nosotros que leches sabíamos, solo que pasó de generación
en generación
de esa manera y ya está, no había mas explicaciones.
Llegábamos a casa y a coger la roanga, y
ya estábamos
preparaos para que nuestras madres nos mandaran a algún recao que no estuviera
lejos de casa, la roanga consistía
en un gancho de alambre trabajao de tal manera para que pudiera llevar guiao
un aro, la mayor parte de las veces de los cubos de Zinc que se rompían
en casa o que rompíamos para que nos sacaran la roanga, la poníamos
delante de nosotros y guiándola con el gancho recorríamos to las
calles, había veces que
uno que no tuviera roanga, le pedía la suya a un amigo porque su madre
le había
mandao a por un pan a casa de Berruga y si el amigo no se la dejaba le decía:
enga que si no me la dejas ¿como voy a ir?, luego te doy dos cromos y
si al final se compadecía y se la dejaba, tenía que ser con la
condición de que le montara, jajajajajajajaja. o que cuando el tuviera
roanga le dejara dar una vuelta.
Con estas cosas crecimos poco a poco.
Alfonso
Barroso Pérez
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