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AGUA, ALMA
Mi alma es como el agua,
se abandona a la corriente diaria,
baja por las gargantas que le dicta la
tierra ceñida, sin detener demasiado su
frescura en los guijarros romos que baña.
Como en una epopeya, derrama su magia para
impregnar rectilíneos juncos y lascivas
adelfas que deshojarán su fulgor en la
torrentera.
Mi
alma brotó del vientre,
sin nombre, sin vergüenza, sin retórica;
como el agua honda.
Tras concluir el eclipse, se bifurca, mana.
Montada en ondas aventureras, vierte
compases ufanos que se pierden en la atalaya.
Recoge luces y golondrinas de Bécquer que
pasea sobre las faldas.
El agua
y el alma viajan descalzas,
la una saborea la piedra, la otra
aprende de las espinas ocultas en la vereda.
Figuran doncellas entregadas a sus ensueños
en la desidia, o vírgenes sacrificadas
en la vorágine retadora de los barrancos.
Y en el morir, nunca mueren.
Alma
de brasas, agua de nieve.
Agua que salta, alma que duerme.
El reverde se deshila en el manantial...
Después, la calma. Agua, alma.
Ángela
González
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Estimados amigos
de Torremocha:
Al
fin me he decidido a aceptar la invitación que, desde la sala de diálisis
del Hospital San Pedro de Alcántara, se me hizo para escribir en esta
página.
Espero que os guste mi humilde trabajo. Un saludo para todo el que atienda este
mensaje y para todo Torremocha.
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