Ya lo sé, Señor, ya lo sé, son tantos los problemas que
he tenido últimamente que estaba desesperado. Primero pensé en
huir a algún país lejano o fingir un suicidio, dejando que el coche
ardiese en el fondo de un barranco. Mi mujer lo pasaría muy mal pero ya
encontraría la manera de comunicarme con ella, por ejemplo, con ese vocabulario
secreto que tenemos para librarnos de alguna invitación que no nos conviene.
Pero claro, está el tema económico, no he cobrado ni un duro del
maldito negocio, no se nos ocurrió pedir nada por adelantado, aunque eso
podría haber empeorado las cosas. Por eso me decidí a pedirte lo
que te pedí. ¡Maldito Juan! quien me mandaría hacerle caso:
- mira, Luis, estos son los amigos de que te hablé, son colombianos,
de Medellín han venido a encargarnos unos planos.
- Encantado, ustedes dirán de que se trata.
Y me lo explicaron en un pispas:
- se trata de proyectar los planos de un arma para el
cárter, con estas
instrucciones.
Y me largaron una hoja con ellas.
Al principio me negué ¡menudo embolado!,
pero cuando dijeron:
- estamos dispuestos a pagar 8O millones, los ojos me
hicieron chiribitas, terminaríamos el despacho y aún sobraría
para viajes, un coche nuevo. Por eso cuando comenzaron las llamaditas de teléfono
y vi que aquellos dos tipos me perseguían continuamente, me di cuenta
de mi error al aceptar tratos con cierta gente, me entró el canguís,
pensé primero en otra solución, me acordé de ti, y aunque
hacía años que no pisaba una iglesia …
Esta mañana, cuando mi mujer me ha despertado amenazándome
con el cuchillo jamonero en la mano gritando:
- ¿quién es usted? ¿qué ha hecho con mi marido? ¡dígamelo
enseguida, contésteme ahora mismo ó llamo a la policía!
- Soy yo, cielo, tranquilízate
- ¿Cómo? qué clase de broma es
esta, yo a usted no lo conozco de nada.
Después de forcejear con ellas y quitarle en
cuchillo, he hecho que se sentara a mi lado, con nuestro vocabulario secreto
le he explicado todo y aunque al principio estaba reacia, poco a poco lo ha ido
comprendiendo y aceptando, sobre todo cuando le he dicho lo del lunar que tiene
en la nalga izquierda. Luego ha llegado la asistenta, se ha sorprendido bastante
cuando ha visto a un desconocido con mi pijama, pero Loli se lo ha explicado
enseguida:
- éste es Pedro, un primo de Madrid, llegó anoche, en el aeropuerto
han perdido su equipaje y hemos tenido que prestarle ropa de Luis. Parece que
la explicación la ha convencido y se ha puesto a su tarea.
Me he puesto la ropa de “Luis” y he salido a la calle a comprar
el periódico. El quiosquero me ha preguntado si era nuevo en el vecindario:
- si, me he mudado hace poco (no tenía ganas
de darle explicaciones)
- no, si el que se me despinte… treinta años llevo aquí y
conozco a todos los de la calle lo mismo chicos que grandes.
Después de un interrogatorio a fondo por parte del dueño del
quiosco he notado una sensación de frío en el cogote, aunque estamos
en mayo, me he despedido y me he acercado al bar donde tomo café a diario,
he llegado hasta la barra y el camarero me ha preguntado:
- ¿qué desea el caballero?
- que va a ser, lo mismo de todos los días Pe…
Pepe me ha mirado con una cara de: oiga usted señor
no lo conozco de nada, y me he apresurado a responder
- disculpe ha sido la fuerza de la costumbre (lo cual
era totalmente cierto) y otra vez he sentido el frío en el cogote.
- póngame un café y una tostada.
Entonces ha entrado Manuel mi amigo de toda la vida
al que le cuento todo (bueno menos lo de los colombianos) con él me reúno para el café todos
los días del año. Iba a acercarse, cuando he visto que buscaba
a alguien con la mirada, luego se ha acercado a mí y ha saludado con un
cortés buenos días y ya iba yo a preguntarle si le pasaba algo,
cuando he caído en que no podía conocerme dada mi nueva identidad.
Entonces y solo entonces por primera vez en toda la mañana, me he atrevido
a acercarme a un espejo, he visto reflejada en él la imagen de alguien
que se suponía que era yo pero que para mí era un completo desconocido,
he sentido otra vez ese frío en el cogote pero mucho más intenso,
acompañado de la sensación de haber perdido a un ser querido, he
salido corriendo hasta la iglesia y aquí me tienes.
Señor por favor, te pido que me deshagas el milagro que te pedí ayer,
te prometo que no volveré a aceptar según que encargos, aunque
se acompañen de mucho dinero.
Y en lo tocante a los planos, ya me apañaré como
pueda.
© María
del Rosario Villar Laberti cc-5805