¡Socorrooo,
que me caigoooo! La pobre letra E estaba tumbada
justo al borde derecho del cuaderno de Juanito. El niño siempre
olvidaba dejar márgenes cuando escribía, y esta vez para no variar,
había apelotonado las letras de la palabra peine al final de una línea
para no tener que cambiar a la siguiente. Encima de la pobre E se apretujaban todas
las demás empujándola y ella se había tenido que agarrar
con fuerza al filo de la hoja para no caerse al suelo.
- ¡Me voy a quejar a las autoridades literarias! decía la N ¡no
hay derecho hombre! se quejaban las demás letras y mientras ayudaban a
la E tirando de ella con fuerza hacia adentro del cuaderno. Pues ya que estáis ayudadme
a mí también, a ver si podéis apearme de la línea,
que parezco un paraguas boca abajo, se lamentaba una f, que el niño había
colgado en la línea anterior, al escribir la palabra fuerza.
- A mí, decía la a, solo me ha puesto medio rabito
y así no hay forma de saber si soy una a inacabada o una O con un acento
un poco ladeado.
- ¡pues anda que a mí!, que me falta la H estoy
como viuda se quejaba la palabra hueso que el niño había escrito "ueso".
- ¡Quitarme a mí el sombrero, a mí que desciendo
de la aristocracia Latina, que me dieron el privilegio de llevar toca para
que no me confundieran con la "Y" griega , y este mocoso va y se permite
el lujo de escribirme siempre sin él, como si yo fuera un palo!.
- No se queje usted doña i, peor lo tengo yo, se lamentaba
la "d" que
por si fuera poca desgracia tener un ojo sólo, encima Juanito nunca me escribe
con él, y además de perder mi identidad, por que parezco una "l",
no veo nada de lo que escriben a mi alrededor, así que me doy unos topetazos
con mis compañeras de aquí te espero.
- que me van a contar ustedes que yo no sepa, opinaba la "g" yo tampoco
veo, también a mí me quita el ojo, y por supuesto cambia el
significado de las palabras donde me escribe, ya que donde debería
escribir garra , pone jarra y ya me contarán ustedes que tiene que
ver una cosa con otra. Pues a nosotras nos cambia las patitas, y claro imagínense
ustedes las caídas que nos damos, por que es dificilísimo andar
con cuatro patas siendo una n o hacerlo sólo con dos acostumbrada
a hacerlo con cuatro como le pasa a mi hermana la m.
- El colmo, es que pone faltas de ortografía gordísimas, figúrate
que a mí me ha escrito con v, verás que mareo le va a entrar
a su señorita cuando lea "escrivir".
- Pues a mí me ha quitado el acento decía la palabra teléfono
así que ahora no sé que significo. Y a mí, la "d"
decía,
el término lado que el niño había escrito "lao".
Las letras empezaron a quejarse todas a la vez formando un tremendo guirigay.
- ¡silencio! Ordenó la J que era la juez del alfabeto, dejar de
alborotar y
vamos a darle una solución a este problema.
- Es que el problema, cómo tú dices, es muy serio, opinó la
letra x ( a quien por estar en los últimos puestos del alfabeto y ser
poco utilizada, se la escuchaba hablar muy pocas veces) fijaos bien en
su cuaderno, no hay ni una sola palabra a continuación de la siguiente,
parece la montaña rusa de tanto como sube y baja, además
cómo no puntúa, ni concuerda los singulares y los plurales no
hay forma de aclararse con lo que escribe por que a ver, que entendéis vosotras cuando
leéis: "En cá mis tío estavamos
yo y pedro y juan el perro se metío por entre la piernas
de todo pa cojer el peine que estava en la fuente".
- como podéis comprobar la cosa no tiene desperdicio, quien después
de leer algo como esto, siendo una letra, sigue viva será de milagro.
- bien, pues entonces si queremos evitarlo tendremos que hacer algo.
- yo opino, decía la L, que deberíamos escondernos todas debajo
de las líneas del cuaderno y mañana, cuando se lo entregue a su
maestra, esta creerá que no ha hecho los deberes y le pondrá un
cero.
- eso está bien como castigo, dijo la R, pero si no le damos además
la oportunidad de que aprenda a escribir bien, no habremos conseguido nada o
conseguiremos todo lo contrario, que odie la escritura.
- ¿y qué hacemos? preguntó la Q.
- pues yo creo, dijo la J, que debemos reunirnos por grupos para trazar un plan,
luego haremos las propuestas, las presentaremos en asamblea, y pondremos
en práctica la que más votos obtenga.
Así lo hicieron
y al cabo de unas horas ya tenían la solución. La letra E,
que había sido la más perjudicada, sería dotada de voz humana
y hablaría con Juanito para contarle por qué habían
desaparecido sus deberes, y a continuación le expondría
lo que las letras habían planeado para que aprendiera a escribir
que era lo siguiente:
• Leería libros, a las letras les daba lo mismo que fueran
de aventuras, de fantasía o de leyendas, incluso de terror, el caso era
que debía
hacerlo, por que hasta ahora no había leído absolutamente nada.
• Se esmeraría en escribir limpio, dejaría márgenes
en los cuadernos, sin apretar las palabras al borde de las líneas, y escribiendo recto
encima de las mismas.
• Si dudaba de la forma correcta de escribir una palabra la buscaría en
el diccionario, así no pondría faltas de ortografía.
• Estaría más atento a las explicaciones de la
clase de ortografía.
• Cada vez que faltara a estas normas, que quedarían grabadas al
inicio de cada cuaderno que Juanito utilizara, las letras volverían a
borrarse.
Por la tarde el niño regresó del colegio bastante preocupado
por que no se explicaba que había podido pasarle a los deberes, estaba
seguro de haber escrito en su cuaderno el día anterior. Cuando llegó a
su habitación lo sacó de la cartera y ¡casi le da un
patatús!. Recuperado del susto que le causó que una letra,
que además hablaba, saliera de debajo de una línea cuando
abrió su cuaderno aceptó las condiciones que esta le proponía
aunque, la verdad es que no le quedaban muchas opciones.
Alguna que otra vez las letras desaparecieron de su cuaderno pero, con
el tiempo le cogió el gusto a lo de escribir y llegó a ser su asignatura
favorita. Y aunque nunca le ha confesado a nadie su secreto, es amigo
de las letras, con ellas mantiene a veces conversaciones muy interesantes, y
además le ayudan a escribir cuentos para niños. Por que, aunque
resulte un poco difícil de creer, la profesión que al final eligió fue
la de escritor.
© María
del Rosario Villar Laberti cc-5805