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Página personal, no institucional  
sobre Torremocha (Cáceres)  
     
···••oOo••···


 MANERAS DE MORIR 




Estaba harta de sus continuas palizas, sabía que la solución era dejarle, pero lo que no sabía era como.

     Si le abandonaba sin más, él la encontraría y prefería no pensar que podía pasar, si lo denunciaba por malos tratos, no tenía la seguridad de conseguir nada, máxime cuando él era abogado y probablemente sus compañeros, harían lo posible por que tuviera un buen juicio. Eso sin contar  con que había fiscales que aún consideraban a las mujeres como una posesión del hombre, y  por eso, debían dejar que ellos las utilizaran para lo que quisieran. Probablemente él pondría en práctica su frase de amenaza favorita:

- "Serás mía ó de nadie" y suya y por la fuerza, había sido muchas veces desde que se casaron. ¡Que ceguera la suya durante el noviazgo! mira que se lo advirtieron sus padres, sus hermanos, sus amigos:

- ese hombre no te conviene, te trata con desprecio, como si le importaras un comino ó fueras un objeto de su propiedad.

     Y ella que no, que eran figuraciones de  quienes no lo conocían, que él era atento y cariñoso y siempre estaba pendiente de ella, que sólo era un poco brusco en su forma de hablar.

     Durante los tres años de noviazgo no utilizó nunca violencia física, aunque la psíquica la veían todos menos ella.

     Aquella tarde, cuando él acababa de salir para el bufete, recibió una llamada de  María,  había venido a pasar unos días de vacaciones, regentaba una agencia de viajes en Santo Domingo desde hacía dos años y en cuanto llegó a España llamó a  Ana, su amiga del alma. Quedaron para tomar café cerca de su casa, pues  a las ocho, cuando Juan regresara de trabajar, tendría que estar ya de regreso. Por teléfono no  pudo decirle nada,  el escuchaba siempre todas sus conversaciones, pero en la cafetería, cuando después de los saludos de rigor y alabanzas mutuas, María (que la conocía muy bien) tiró de la cuerda, no pudo más y le contó todo lo que llevaba callando  tanto tiempo:

- era mentira que me caí de la escalera cuando hacía la limpieza, el día que te llamé para que me acompañases al hospital y también el día que me tropecé en el campo y me dieron cinco puntos en la cabeza, y el accidente de tráfico, cuando me dieron el golpe por detrás y al coche no le pasó nada pero yo me golpeé con el salpicadero,  perdí dos dientes  y me llené la cara de moratones, todo absolutamente todo eran las secuelas de las palizas, que empezaron en cuanto volvimos del viaje de novios. Un día se me quemó la comida y pensé que él me consolaría y le quitaría importancia:

 - ¡esto es una bazofia que no se puede tragar! dijo, y  vi como se levantaba de la silla y sentí toda la fuerza de su manaza en la cara.

     No, ya no le quiero, hubo momentos en los que le perdoné pero ahora  solo siento odio y miedo de que algún día...

     Ana  abrió la puerta de la casa, faltaba poco para que él llegara pero había apurado todo lo que pudo el  rato del café con su amiga:

- ¡a esta María se le ocurre cada cosa! la sugerencia era como de película de efectos especiales, pero por lo menos me ha hecho reír como hacía tiempo que no lo hacía.

     Unas semanas después él llegó una tarde a casa, cerró con un portazo y  comenzó a darle ordenes: prepárame el baño y sácame muda limpia, el traje azul,  la corbata de flores amarilla y una camisa blanca, y a ver como te arreglas tú, para no destacar entre las señoras que van a ir a la cena del fiscal, procura que no se te note mucho que eres una "mierda"  al lado de ellas. Ana  le puso el baño templado, sabía que le gustaba el agua más caliente pero lo hizo deliberadamente.

     Cuando él  probó la temperatura del agua con la mano  la llamó:

- ¡ven aquí, inútil! (y descargó el primer puñetazo en su estómago) eres una estúpida y una  guarra que no sirve para nada (y disparaba un puñetazo tras otro en  la nariz, en los brazos, en la boca)  ¡eres una  mierda, no sé que pude ver en ti para casarme contigo!

     Comenzó a sangrar  por la nariz y luego a vomitar sangre hasta que se desmayó y cayó al suelo, pálida y convulsa, tuvo un último estertor con el cual despidió otra bocanada de sangre. Él, asustado le tomó el pulso y salió corriendo de la casa,  cuando  llegó a la comisaría solamente dijo:

- vengo a entregarme, he matado a mi mujer.

     El policía de guardia que le atendió, le conocía de cuando algún cliente (casi siempre de buena posición) solicitaba  la presencia de su abogado. Él siempre acudía bien trajeado y saludaba correctamente pero con un deje de superioridad, para que quedara buena constancia de que no era un don nadie en el mundo del derecho, por eso le extrañó verlo así, con la ropa manchada de sangre, despeinado, la camisa por fuera del pantalón, el pelo revuelto, los ojos a punto de salírsele de las orbitas  y  haciendo aquella absurda confesión.

- tranquilícese  don Juan, ¿qué está diciendo? a ver, ha tomado una copita de más y se ha peleado con alguien ¿no es eso?.

     Él insistía en que no y en que fueran  a su casa para comprobarlo. No lograron hacerlo entrar en razón.

···••oOo••···

- ¿Hace siempre este tiempo tan agradable aquí señorita?.

- casi siempre, sí señor. Si lo desea puedo indicarle cual son las mejores playas de Santo Domingo  las que están más próximas a su hotel.

- gracias si es tan amable, a mi mujer le encantara ir a pasear y a darse un bañito.

     Se quedó mirándola  extrañado.

- ¿desea algún servicio más? preguntó la empleada de la agencia de viajes.

- perdone mi impertinencia al mirarla tanto, pero es que me recuerda mucho a la mujer de un compañero, que desapareció  hace ya cuatro años. Recuerdo que estaban invitados a la cena de mi cumpleaños y no se presentaron. El marido se volvió loco, todos creemos que  ella lo abandonó  por que no lo soportaba, se notaba a la legua, aunque el siempre alardeara de que estaba muy enamorada.

     Aquella noche se presentó en comisaría diciendo que había matado a su mujer.  Los policías que le acompañaron me contaron, que  no encontraron en su casa ni rastro de peleas ni de violencia, aunque él decía que habían reñido y que sin querer,  la había empujado y ella se había desnucado al golpearse con la bañera. Juraba que la había dejado muerta en el baño en medio de un charco de sangre, el caso es que no se encontró el cuerpo, no hubo juicio, y  el pobre hombre terminó en un manicomio, pues persistía en su declaración una y otra vez. Perdone  que le haya contado esta historia, pero ya le digo es que usted se parece mucho a ella., en fin señorita  perdóneme a mí edad se confunden las cosas y las personas, muchas gracias por todo.

     La mujer sonrió  al despedirse:

- espero  que tenga  una agradable estancia en Santo Domingo, señor  fiscal.

     Cuando el hombre cerró la puerta de la agencia, recordó  la noche de su liberación, cómo había planeado todo con María después de reconocer que su idea no era tan descabellada. La llamó y juntas  habían ido a aquella tienda donde se vendían artículos para las películas, compraron cinco bolsitas llenas de algo que parecía sangre de verdad.

-¿usted es la que va a interpretar el papel?.

- sí, es una obra muy sangrienta.

- entonces, deberá meterse estas dos bolsitas más grandes en la boca y estas más pequeñas en la nariz, con cuidado, pues se rompen al mínimo roce, las de la boca deberá morderlas llegado el momento, esta otra más grande metasela entre la ropa  para que estalle cuando le peguen en el cuerpo. Pensó que no podría hacerlo pero sacó fuerzas de flaquezas... luego, cuando el salió corriendo de la casa, limpió todo rápida pero minuciosamente, recogió la maleta y bajó a la calle donde María la esperaba con dos billetes de avión para  Santo Domingo.

     Nunca supo como había acabado la historia hasta hoy.  Y pensó con alivio que él, por fin había encontrado el sitio que le correspondía.



Dedicado a todas las mujeres maltratadas sobre todo a aquellas que, por desgracia, corrieron peor suerte que la protagonista de mi historia.




                 ©   María del Rosario Villar Laberti    cc-5805



 

 
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