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sobre Torremocha (Cáceres)  
     
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PREGONERO: Jesús Sanguino

BUENAS NOCHES:

Como Torremochano, es para mi honor ser el pregonero y además el primero de este nuevo siglo, de las fiestas de nuestro Cristo del Humilladero; deseo, que en el transcurso del mismo sigamos festejando muchos Cristos con la misma alegría y sobre todo para unir la amistad entre todos los torremochanos y visitantes, como se ha hecho hasta ahora.

Estoy seguro, que autoridades y junta de festejos correspondientes lo seguirán haciendo también como lo esta haciendo la actual, porque todo el trabajo que hacen y es mucho, es para que las fiestas sean del agrado de todos. Igual que lo hicieron nuestros antepasados desde el año 1.755, que es cuando se crea la primera cofradía del Santísimo Cristo del Humilladero, que consistió en una misa cantada y una procesión alrededor de la ermita. Estos datos me han sido facilitados por el archivo del Obispado de la diócesis Cáceres-Coria, en el libro 23 del Libro Becerro.

Pero durante todos estos años siempre ha habido una protagonista especial en las fiestas del Cristo y en todos los acontecimientos del pueblo, me refiero: A esta plaza. Por eso, este pregón es como un recuerdo-homenaje a los años que hemos vivido con ella, como decía antes, la amistad de los torremochanos está creada sobre esta plaza. Cuando me preguntan que donde celebramos nuestras fiestas y digo que en esta plaza, mucha gente me contesta, tal vez con un poco de ironía, pero si es muy pequeña y yo con voz más fuerte y con todo lo que significa para nosotros, digo: Sí; pero es la plaza de mi pueblo, la plaza de todos los torremochanos.

Tuve la suerte de nacer muy cerca y como todos crecer en ella, a pesar de los años transcurridos, siempre recuerdo los acontecimientos vividos como si fueran ayer. Cuando se acercaban las fiestas del Cristo, la plaza tenia un protagonismo y unos protagonistas diferentes al resto del año. Me acuerdo; que el primero que llegaba era un hombre alto y serio con un toldo blanco que vendía turrones, era Sebastián el “Botigeño”; también Tía Matilde y Tía Tururura tenían, en estos días tan señalados, más rivalidad comercial porque había unas pesetas de más para gastar, recordáis esas raspaduras de hielo con esencia de naranja o limón que vendía Tía Matilde, que nos la ponía en la palma de la mano y al primer sorbo nos quedábamos solo con el hielo, pero sabia muy bien, y quien no se acuerda de la famosa rueda de la suerte de Tía Tururura, que nunca nos tocaba la suerte por una púa y es que tenía casi más púas que en el comercio de mi padre.

Pero cuando la plaza adquiría su máximo protagonismo eran los días de toros, todo lo que significaba montar la plaza, aprovechando este momento, quiero tener un recuerdo especial para todos aquellos hombres, algunos aun presentes, que con su trabajo la plaza siempre estaba preparada para el inicio de los toros. Recuerdo el despertar, de esas mañanas soleadas y calurosas, con el martilleo sobre las tablas que servían para cerrar las cuatros calles que dan a la plaza, el rodar de los carros para ponerlos en fila, a los que luego se les subían las sillas de junco para ver los toros y el clavar de las rejas de arar sobre la arena para poner los maderos, de los que algunos tenemos como recuerdo alguna cicatriz, o esas conversaciones en corro esperando la llegada de los toros, para después descargarlos, en las que los comentarios eran de los más variados y posiblemente; en algún momento determinado se escapaba un peñascazo entre Foro y los Margallos.

Aunque el tiempo ha pasado, tenemos la suerte, la gran suerte diría yo, que esta plaza apenas ha cambiado, se mantienen los mismos edificios con sus mismas fachadas, solamente se cambio la tierra por el asfalto y se adornó con esta graciosa fuente. Pero estas fachadas que hacen de guardiana de esta plaza, han visto pasar a muchas generaciones de torremochanos, entre sus piedras y en las lanchas de ese crucero, que preside a nuestra Iglesia del siglo XVIII, se guardan: Nuestras voces, nuestras risas, nuestras peleas, nuestros llantos y sobre todo muchas horas de juegos y felicidad, porque recordemos, quien no jugó alguna vez: Al frontón, a entera, a los bolindres, a marica los botes, a la corchuela, a la peona, al verdugo, al cinturón por atrás, al corta hilo y a muchos más. Y así, entre juegos, llegaba la noche y con mucha pena había que despedirse y esta casi siempre era: ¿Que vende en la taberna? Vino, y en la plaza; calabaza, pues cada uno para su casa y al día siguiente, por supuesto, teníamos otra cita con esta plaza.

Los años fueron pasando y vinieron nuevas costumbres, los toros desaparecieron de aquí y la mayoría de los juegos han quedado olvidados para las nuevas generaciones; por cierto, sería bonito recuperarlos en las fiestas del Cristo, dentro de su programa infantil. Pero la plaza sigue manteniendo el mismo protagonismo, se empezaron hacer las verbenas y nace la feria con sus carrozas, donde posiblemente, como decía al principio de este pregón, se estrecho más la amistad entre todos los torremochanos, al haber más relación entre mayores y jóvenes y es que esta plaza tiene un algo que une y eso lo notamos todos nosotros y lo notan los visitantes y estoy seguro, que a muchas de las parejas jóvenes formadas, el amor le hizo un guiño en esta plaza.

Me gustaría, que en este nuevo siglo la plaza se conservara igual y que los nuevos torremochanos la disfruten como lo hicimos sus antepasados y que nuestra querida plaza, esa que dicen que es pequeña, pero de la que tenemos tanto que contar y recordar, siga uniendo a todos, porque hasta para eso es generosa, pues nos recibe y nos despide a lo largo de nuestras vidas.

Y como agradecimiento a esta plaza, al Cristo, a Torreespresso y por todos los torremochanos de todos los tiempos, vamos a disfrutar de las primeras fiestas del nuevo siglo.

MUCHAS GRACIAS.

 

Pregón de las fiestas del Cristo del Humilladero de Torreespresso, día 12 de Septiembre de 2001.

 

 

             

 

 

 

 
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