Las
actividades económicas por antonomasia son la ganadería
y la agricultura. En casi todos los casos se complementan, si bien algunos
pueblos se especializan en la crianza de ganado lanar y vacuno (área
de los Llanos) y otros lo hacen en la arboricultura mediterránea,
fundamentada en la higuera, el olivo y la vid (umbría del sudoeste
de la Sierra de Montánchez y vertiente comarcal de la Cuenca del
Guadiana).
El principal núcleo productor
de aceituna se localiza en el entorno de Alcuéscar, Montánchez,
Arroyomolinos, Zarza y Salvatierra. La superficie de olivar está
estancada y son escasos los plantonales de reciente implantación.
La producción de aceituna se comercializa de forma casi exclusiva
por medio de las cooperativas agrícolas. Apenas se moltura en la
comarca una ínfima parte de la producción y se procede,
ordinariamente, a la venta de aceituna a granel. Cuando se extrae aceite
en las cooperativas la producción no está sometido a excesivos
controles de calidad y, aunque se parte de una materia prima excelente,
la acidez del aceite elaborado suele ser alta. Ninguna cooperativa envasa
con marca propia sino que el aceite se expende a granel entre los propios
cooperativistas o a otras empresas nacionales del ramo. Esta situación,
derivada de la escasa operatividad de las cooperativas y de la nula integración
de las mismas, ocasiona la Liga de un importante valor añadido.
Por otra parte el sector oleícola se siente amenazado por la inminente
reforma de la 0CM del aceite.
El cultivo de la higuera coincide
en gran parte con el área del olivo aunque en este caso el terreno
de cultivo se contrae por el este y se expande hacia el suroeste. La producción
de higos de la comarca equivale a casi la mitad de la producción
regional, que es tanto como decir 1/4 de la producción nacional.
Algunas poblaciones como Arroyomolinos ostentan el récord de mayor
productor de higos del Estado. Aún con este enorme potencial los
transformados del higo que se realizan en la comarca a parir de la materia
prima son escasos, estando estos limitados al envasado de una pequeña
cantidad de higo seco por parte de algunas cooperativas. Al igual que
ocurría con la aceituna, son las cooperativas las encargadas de
la comercialización. El higo alcanza el mercado de dos maneras:
en fresco, para el consumo inmediato y en seco, para la confección
de ristras de higo y para la obtención de pasta de higo. La comercialización
como higo fresco requiere de una manipulación importante como si
de una fruta fresca se tratase; el mercado del higo fresco está
en alza debido en pare a la demanda internacional pero su exportación
masiva requiere de instalaciones de cámaras frigoríficas
y líneas de selección y envasado con las que generalmente
no cuentan las cooperativas; así mismo la conserva de higo fresco
en almíbar podría suponer el nacimiento de una importante
industria comarcal.
El cultivo de la vid está
en retroceso pero los caldos de la comarca vienen precedidos de cierta
fama en el mercado de regional de vino. Alcuéscar, Montánchez.
Valdefuentes y Salvatierra mantienen una producción de uva relativamente
importante que en pare se estruja en bodegas particulares y en pequeñas
cantidades; constituye este mosto la materia de las famosas pitarras.
Su radio comercial es de índole local o comarcal. Otra pare se
dirige a algunas pequeñas empresas familiares del sector que elaboran
un vino de mesa estándar y lo distribuyen en el mercado regional.
Las viñas de la zona vitícola de mayor calidad (Trampal)
han sido adquiridas por empresas externas a la comarca y elaboran caldos
de reconocido prestigio. Se califica al sector vitivinícola como
un sector en reconversión que es objeto de una fuerte competencia
mundial a la que sólo podrán sobrevivir aquellas zonas productoras
de reconocido prestigio y elevada calidad. No es el caso de la comarca
pero los vinos de pasto puede orientarse hacia la producción de
alcoholes y derivados.
La ganadería ha experimentado
un incremento considerable, sobre todo por la reconversión de tierras
de labor hacia pastizales permanentes en la zona de los llanos. Las subvenciones
por el ganado de vida que concede la U.E también están en
el origen de este auge, y por supuesto, también porque el mantenimiento
de un pequeño hato de ganado es una de las salidas económicas
que muchos trabajadores asalariados del campo encuentran como complemento
de sus rentas. Es, con todo, una comarca tradicionalmente ganadera como
lo atestiguan algunas importantes ferias ganaderas que se celebran en
distintas localidades de la comarca como Torremocha, Valdefuentes y Torrequemada,
por mencionar las más importantes. Se aduce que la oferta de ganado
en vivo para abasto no está centralizada y que el carácter
individualista del ganadero dificulta la organización e integración
del sector. En la mayoría de los casos la tasación del ganado
se hace "a ojo" entre el comprador y el ganadero, sin referencias
exactas del mercado; sin duda esto repercute negativamente en los precios
finales que percibe el criador e impide influir sobre la demanda. La tendencia
de los últimos años ha sido la del descaste de razas autóctonas
y la introducción de razas exógenas (charolesa y limusina
en ganado vacuno e ille de france, lanschaff y berrinchona en la lanar),
más precoces y con canales estandarizados pero menos adaptadas
al medio. Esto provoca cuantiosos gastos en complementos alimenticios
para las explotaciones.
Una de las actividades económicas
ligada a la ganadería de más reciente implantación
es la fabricación de queso de oveja. Valdefuentes sería
el núcleo más representativo de esta actividad.
La industria chacinera es otro de
los referentes productivos de la comarca. Se localiza fundamentalmente
en Alcuéscar y Montánchez y está integrada (a excepción
del gran secadero industrial de la empresa Resti) por pequeñas
empresas artesanales que se dedican exclusivamente a la curación
de piezas nobles de cerdos de tronco ibérico. Es un sector afamado
pero escasamente integrado donde no es difícil apreciar el individualismo
empresarial y la competencia interna.
El suelo de la comarca no es especialmente
rico en yacimientos mineros a pesar de que hay constancia de explotaciones
mineras desde la Edad del Bronce y de que en las gravas del Tamuja los
vetones encontraban mineral de plata y oro. Más recientemente se
abandonaron por falta de rentabilidad minas de pinta de hierro y de wolframio.
Quizás el aprovechamiento del subsuelo más esperanzador
sea la explotación de la enorme masa canterable del batolito granítico
que se extiende desde Plasenzuela hasta Aldea del Cano. Varias canteras
están siendo explotadas ya, aunque se lamenta que las empresas
que lo hacen no sean de la comarca y que las repercusiones sobre el empleo
sean escasas o nulas, de momento. La explotación de canteras de
granito alienta la esperanza pero no es una actividad tradicional en la
zona por lo que no hay una cuantificación empresarial y profesional
que a corto plazo permita una explotación de este recurso endógeno.
Ello quizá sea la razón que agudiza la crítica en
torno al impacto ambiental que este tipo de explotación genera
en el medio.
No hay un sector industrial propiamente
dicho en la comarca y el resto actividades se refieren a pequeños
comercios y talleres con una clientela local, en todos los casos.
El sector hostelero es incipiente,
destacando únicamente por la mayor dotación de alojamiento
existente el núcleo de Montánchez, sin embargo este alojamiento
no responde a los criterios de calidad que el turismo rural requiere hoy.
Plasenzuela, en el otro extremo de la comarca, cuenta con un hostal y
un albergue, éste último gestionado por el Ayuntamiento
pero que sin embargo dista de ofrecer índices de ocupación
razonables.