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sobre Torremocha (Cáceres)  
     
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Año 1985.

Fue pregonero en esta ocasión D. Luis Villalta Juberías

 

El pregón:

Ardua tarea me pedís para que venga mi modesta pluma de escribiente en las ondas etéreas que emite la radio, a pregonar fiestas de tan honda raigambre como las de este pueblo, entre el llano y la sierra, paseando hasta la primavera por las aguas del Salor y refrescado en las canículas de julio, agosto y los septiembres cálidos, como el que vivimos, por ese vivero de tencas y gozo de los pacientes pescadores, que en este pantano no lo son tanto, porque sedal que echan al líquido elemento, anzuelo que retiran con el rico manjar plateado, para degustar, recién salido de las cazuelas o sartenes, y colmar el más exquisito paladar de comilón o comilona, entendido y exigente...


Acabamos de Proclamar las reinas de las fiestas de entre las mozas más guapetonas y mejor repartidas de estos contornos comarcales; su gentileza y distinción ocuparía lugar de honor en las más encopetadas antologías de poetas eximios y laureados de nuestra tierra extremeña; sus dones en generosidad, galanura y prudencia podrían llenar páginas y páginas de tratados de cosmografía sideral; y hago especial mención a esta ciencia por cuanto nuestras Reinas y Damas de Honor bien pudieran compararse a los más refulgentes luceros del firmamento mundo, trayecto Virgo (cuya constelación atravesamos en estos momentos) a Libra, zodiacal que nos espera a la vuelta de la esquina de este septiembre vendimiador y templado...


Pero dejemos los luceros de la Vía Láctea y las disquisiciones cosmológicas y astronómicas, que bien puede suceder que un mal nubarrón de estas calendas nos eche el telón al cielo y abra la manguera de la ducha en forma de lluvia, con lo que nuestros campos sedientos quedarían hartos más nuestra fiesta de Torremocha de desluciría y nosotros habríamos de acabar este pregón, a pie firme, eso sí, pero guarecidos bajo un prosaico paraguas invernal; si ha de llover que llueva, pero ¡caramba! que nos dé todo el tiempo del mundo a echar un bailecito con la parienta y a empinar ligeramente el codo en la compañía de los amigos, que un día es un día y más si nos agrupamos para festejar, entre movida de esqueleto y copita de morapio, al Santísimo Cristo del Humilladero bajo cuya advocación los vecinos de este pueblo han prosperado generaciones ha, que sabemos de buena tinta la tradición histórica de estas piedras y los hechos notables de mucho de los vecinos del lugar, que en los años de la grandeza secular de esta España nuestra, fueron huéspedes del monarca más poderoso que vieron los siglos, en cuyas cordilleras, páramos, llanuras, riscos, valles, umbrías y solanas, jamás se puso Don Lorenzo a pesar de las muchas vueltas que dio en torno a la Tierra, por ver si en alguna de ellas y con sus ardorosos rayos, lograba alumbrar un resquicio del mundo que no perteneciera a Don Felipe II de Castilla y de Aragón, Rey de Nápoles y Sicilia, Señor de los Países Bajos y el Milanesado, Duque de Lombardía, Emperador de las Indias Occidentales y Oceanía, de Portugal y sus inmensos dominios allende el África de los oscuros rostros y la India de los Gurúes y fastuosos Marajás. Pues aquí vino el poderoso Felipe; quizás entonces arrastrase el mal de la gota (mal que, según los entendidos, no tiene nada que ver con el parte meteorológico) y cuya dolencia no fue óbice para que nuestro eminente Rey se ciscase en los franceses de la época y en un tris estuvo de no acabar para siempre con la piratería de los hijos de la Gran Bretaña...


Y si esto es historia, que a nosotros ha llegado por vía de la tradición oral como por doctos tratados de eruditos y entendidos, no se queda atrás la leyenda, quizá tamizada por la nebulosa de lo incierto y desde luego contrastada por las aleaciones literarias de tantos frates de la Iglesia como leguleyos de alcoba y sombreros con pluma... No seremos nosotros quienes tratemos de echar nuestro cuarto a espadas en lo tocante a la adición o supresión de un tanto así de esa Leyenda, que doctores tiene la iglesia para a tal empeño dar culminación, porque en lo tocante a Leyenda hay mucha tela por cortar y no seré yo quien me exponga a que, en saliendo de este estrado, se me cargue fama de cuentista...


Como toda tierra extremeña, desde las estribaciones de Gredos al Norte, hasta la Sierra de Tentudía en las lindes con la andaluza Huelga por el Sur, esta, ha sido y es propicia a esa sangría constante y secular que es la emigración; muchos de los aquí presente todavía conserváis en la memoria la presencia de otros horizontes sin tanto sol como el que cada mañana, al madrugar por Levante el Astro Rey, gozáis junto a los vuestros y a las amarillas tonalidades del secano. Allí pasasteis muchos años, separados de los vuestros, y cuando un día regresasteis rodeados de maletas y bultos por todas partes, con un flamante coche que todos envidiábamos y un enorme transistor que voceaba las mejores canciones de Manolo Escobar, allí quedaban el sudor de vuestra frente y los mejores años de vuestras vidas; y allí permanecen, no lo dudéis... Quizás ahora un hijo chapurrea el idioma que fue de nuestros abuelos y de los abuelos de nuestros abuelos; quizá cuando viene aquí, le parezcamos todos un pelín de "paletos" y se retorna a aquellos orizontes lejanos con el deseo de no volver jamás... Pero no temas, paisano. Tu hijo volverá un día con otros hijos suyos de la mano, muy rubios y horriblemente descoloridos a reencontrarse con los suyos..., contigo; y esos chavales blanquinos y que parecen no hay forma de que recobren el color te preguntarán por aquel Rey que estuvo unos días entre vosotros y por un obispo al que dieron "matarile" por un "quitadme allá esas pajas"... Y a lo mejor van y se quedan; como ahora somos "comunitarios", pues a lo mejor les sienta fenómeno el pescar tencas en el pantano y hasta se ponen morenos y de buen aspecto, cosa que nunca consiguieron en aquellos horizonates lejanos, que tú un día dejaste con alegría y un poquito de nostalgia, porqué no reconocerlo...


Pero no nos pongamos sentimentales que estamos en fiestas y la alegría es el principal ingrediente de las mismas.


Como al principio comentábamos, echemos un baile "agarrao" con la costilla, que suene un pasacalle de los que hacían furor cuando nuestros abuelos y permítasenos hoy, al menos hoy, empinar el codo con mesura y una juerguecita sana entre los amigos reencontrados o con el vecino, incluso con el vecino con el nunca falta una pendencia... ¿Vamos a alegrarnos?


Pues suene la música, maestro, levantemos nuestra copa al aire con un morapio del que despierta a los difuntos (dicho sea esto con el mayor de los respetos) y estrechemos las manos a nuestros amigos, a nuestros parientes y convecinos, a los paisanos y a los forasteros, que hoy comienzan las ferias y fiestas de Torremocha y seguro, seguro que de aquí hasta que acaben, lo vamos a pasar cañón... ¿A que sí, vecinos...?


¡Viva el Santo Cristo del Humilladero! ¡Viva Torremocha!.


Torremocha, 12 de septiembre de 1985

LUIS VILLALTA JUBERIAS

 

 

             

 

 

 

 
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