"La Pica"
Una de las fiestas castizas y típicas en grado sumo, la principal de la localidad
alto-extremeña y de más fama en muchas leguas a la redonda, es
la de «La Pica», que se celebra por Pascua Florida, el martes siguiente
al Domingo de Resurrección. Recibe la denominación de «La
Pica» debido a que llevan los torremochanos a la fiesta muchos huevos
cocidos con los que juegan golpeando unos con otros (picando); el de cascarón
más tenaz gana a su contrario.

La narración de la fiesta va a comenzar
por los preparativos para la misma: El día anterior a la fiesta, en las
casas se cuecen grandes cantidades de huevos, agregándoles materias diversas,
como corteza de encina, cal, etc., en la creencia de que la cáscara del
huevo adquiere más dureza.
Como dulces típicos figuran las «Roscas
de la Pica» y los «Hornazos», las primeras se preparan con
harina de superior calidad, azúcar, anís, huevos (solamente la
yema) y vino, conservando el resto para el barnizado de las mismas.
Los «Hornazos» se hacen como
es corriente en otros pueblos de la comarca; se utiliza harina blanca (como
para el pan de buena calidad), a la que se le agrega un poquito de aceite de
oliva; una vez bien amasada se introducen en su interior trozos de chorizo,
jamón
y huevos, según el tamaño, dándole la forma de grandes roscones
que se llevan a
la panadería para que por la temperatura se ludíen,
dicho sea con término de la expresión popular, y adquieran el
punto crítico para su cocción en el horno.
Los huevos cocidos y las roscas sirven para
repartirlos entre los familiares y amistades íntimas, jóvenes
de ambos sexos. Las roscas se destinan especialmente para los niños,
los cuales se las llevan a la romería metidas en el antebrazo.
Anotadas las características de los
dulces netamente torremochanos, vayamos a la descripción de la fiesta
religiosa: A las nueve, aproximadamente, de la mañana sale de la iglesia
de Nuestra Señora de la Asunción la cruz parroquial con su manga,
el sacerdote y los romeros de ambos sexos, con dirección a la ermita
de Nuestra Señora
de Torrealba (que dista del pueblo dos kilómetros y medio). Entre los
romeros figuran todas las autoridades locales. Desde la iglesia hasta una cruz
de las tres existentes a la salida del pueblo (1),
en que el día 9 de mayo, festividad de San Gregorio, se realiza la bendición
de, los panes, la hoja de labor sembrada de trigo, se va cantando la Letanía
de los Santos.
- Santa
María, te rogamos, dómine...
En
este punto termina la romería con carácter estrictamente religioso
y es renovada al llegar al ejido de la ermita en que se continúa la letanía
mencionada hasta entrar en el pequeño santuario.
Hoy se ha incrementado notablemente la romería,
ya que se trae la Virgen desde su ermita a la parroquia, donde se le hace un solemne
novenario que finaliza el día anterior a la fiesta con el propósito
de llevar a Nuestra Señora de Torrealba a su ermita el mismo día
de la fiesta en su honor. Una vez colocada en su altar, se
celebra la misa cantada, sermón y procesión. Al terminar ésta,
los romeros «pujan» los brazos de las andas que conducen a la Virgen,
antes de entrar en su ermita, asiéndola y penetrándola los cuatro
romeros (sin distinción de sexo) que más han ofrecido.
Antiguamente, los vaqueros del pueblo llevaban
en este día todo el vino que podían beber los romeros, siendo costeado
por aquellos.
El Ayuntamiento tenía asignada una
partida de su presupuesto para esta fiesta, consistente en abonar el importe (le
los gastos religiosos y el del chocolate y dulces con que obsequiaban a los romeros.
Después del Movimiento Nacional de 1936 ha desaparecido el reparto de chocolate
y dulces, reduciéndose a cierta cantidad de vino, chacinas y quesos de
la zona que es distribuida entre todos los presentes.
Después de terminada la parte religiosa,
comienza la verdadera fiesta de «La Pica», la acción de "Picar"
los huevos consiste en coger cada persona un huevo cocido cerrando la palma de
la mano con uno de los extremos visible y chocar "picar" su huevo contra
otra persona que lo tiene cogido de la misma manera, siempre uno de los huevos
se resquebraja, siendo éste el que pierde teniendo que ser entregado al
quien lo rompe.
Por regla general, desafía el sexo
femenino, cogiendo un huevo con su mano derecha, dejándole ver entre la
mano y dedos pulgares e índice
un extremo muy poquito, y el mozo, con uno que tiene, le da un golpecito; si se
rompe el de éste, debe entregarlo, y como esta entrega no se hace voluntariamente,
sale corriendo y tras él las mozas que estaban presentes durante «La
Pica», con el propósito de quitárselo, cosa que no se consigue
nunca, pues aunque aquél se deja coger, al Pretender abrirle la mano, termina
el huevo haciéndose migas y lo peor es que si lleva más en los bolsillos
se los aplastan todos y lo mismo ocurre cuando él rompe el huevo.
Para lograr el éxito se preparan huevos
falsos como cascarones de huevos rellenos de pez negra, resma, mármol y,
sobre todo, de alabastro, materia con la que se imita muy bien a los naturales.
En esta fiesta intervienen sacerdotes y autoridades
que también «pican», pero claro es, más ordenadamente.
Terminada la «pica», regresa el
personal romero; sale de la ermita cantando la letanía de los santos hasta
el ejido de la misma para reanudaría al llegar a la cruz que hay a la entrada
del pueblo, donde continúa hasta la parroquia.
Se ha perdido hace unos años la costumbre
de prolongar por la tarde la fiesta glosada en este capítulo en los alrededores
de la ermita del Santísimo Cristo del Humilladero, Patrón de la
villa torremochana, en cuyas inmediaciones había gran número de
cruces (en la actualidad casi todas desaparecidas) donde era continuada con nuevo
repuesto de huevos.
Después
se llevaban al campo exquisitos frites y meriendas para se degustados; durante
años estuvo a punto de perderse la costumbre, pero hoy en día la
tarde se convierte en un feliz día de campo.

De aquí marchaba la juventud a los bailes, donde proseguía la fiesta y finalizaba al terminarse los huevos naturales, ya que los artificiales se guardaban por sus buenos resultados para
el próximo año.
Pero ha sido recientemente cuando la Fiesta ha adquirido su propia singularidad a partir del juego primitivo, y una vez picados los huevos, se separa la yema cocida y se "restriega" por la cara al primero que se observa un tanto despreocupado o aburrido. La acción de restregar los huevos por la cara, puede deberse a otra práctica llevada a cabo, casi siempre por los más
jóvenes del lugar, que solían, aprovechando un descuido, estropear
los huevos que portaban las mozas en cestas dando un manotazo fuerte por detrás.
Esto provocaba su ira ya que, una vez los huevos agrietados, era imposible poder
"picar" durante el resto del día. Puede que bien como arrebato,
o a modo de venganza alguna muchacha se decidiera a devolver el agravio, refregando
la yema del huevo en discordia por la cara de aquel que hubiera tenido la osadía
de romper sus óvulos y que de ahí, y como consecuencia del ambiente
de cordialidad y festividad que se respira, esta
práctica se volviera
habitual entre los asistentes, convirtiéndose, hoy por hoy en parte fundamental
del festejo, y donde reside su rareza y curiosidad.
Tratando
de potenciar aún más el valor turístico de la fiesta, recientemente
se ha solicitado a la Junta de Extremadura la Declaración de la Pica como
Fiesta de Interés Turístico, atendiendo a los valores de peculiaridad
y originalidad que dicha celebración encierra.
(1)
Hay que advertir al lector que en Torremocha se efectúa la bendición
de los campos en una de las tres cruces ubicadas en la dirección de las
tierras sembradas de trigo ese año. Estas cruces corresponden a las hojas
de sembraduras propias de la rotación de cultivos cerealistas de esta zona. |
Fiestas en honor al Cristo del Humilladero "El Cristo"
Cada
14 de septiembre Torremocha celebra las que, sin duda, son sus fiestas mayores
dedicadas a su
patrón. El ciclo festivo se inicia días antes con la celebración
de una concurrida novena en la ermita que, en cada jornada, culmina con un espectáculo
de fuegos artificiales.
En la noche del 13 de septiembre,
víspera del día grande, la novena finaliza con el besa manto de
la imagen del Cristo en la Cruz del siglo XVIII y con una velada de pirotécnica,
de mayor entidad que las precedentes, en la que la luz y el estruendo son los
protagonistas.
El día 14, el “Día
del Cristo”, la tradicional misa matutina, seguida del disfrute en los
abarrotados bares y tabernas, se complementa con un ofertorio vespertino
en
el que los ciudadanos se vuelcan con la aportación de productos típicos,
bebidas y dulces que en muchas ocasiones, producto de la subasta, de nuevo, vuelven
a su propietario original.
Durante los días
siguientes del ciclo, 15, 16 y 17 de septiembre, “Día del Cristo
Chico”, “Primer día de toros” y “Segundo día
de toros”, se abandona lo religioso, dándose paso a lo festivo en
forma de comidas populares, espectáculos taurinos y verbenas nocturnas.
En definitiva, varios días de fiesta en los que si uno se acerca a Torremocha,
al año siguiente, vuelve.