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O R R E M O C H A | |||||||
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| Página personal, no institucional sobre Torremocha (Cáceres) |
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INFORMACIÓN
Participación
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No se trataba de aclamar a ningún valeroso soldado o fiero capitán dominador de indios. No. A su pequeño pueblo de Extremadura regresaba un intrépido ciclista de casi cuarenta años, que en 1986 decidió tomarse la vida como aventura y redescubrir América a golpe de pedal, desde el Caribe a la Antártida, recorriendo más de 42.000 kilómetros a través de casi todos los países iberoamericanos: Venezuela, Brasil, Paraguay, Uruguay, Argentina, Chile, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, Méjico, Estados Unidos, Puerto Rico, República Dominicana y Cuba. HOMENAJE Sobre la siete de la tarde del sábado, el ciclista enfilaba la calle que conduce a la Plaza del pueblo. Entre la Iglesia y el Ayuntamiento los vecinos más entusiastas que prefirieron resistir la lluvia bajo sus paraguas aguardaron fieles a su héroe. Antonio González llegó en bici desde Trujillo, a donde se trasladó ese mismo día desde Madrid, última ciudad de residencia de este aventurero cacereño. Tras ser besado, tocado, abrazado, vitoreado por sus paisanos, Antonio Gómez subió al balcón del Ayuntamiento para, desde allí, recibir el homenaje del pueblo y las palabras del alcalde y del maestro que le inscribían ya en la historia local de Torremocha como uno de sus hijos ilustres. El ciclista aventurero, esa tarde, coronó su aventura con el reconocimiento unánime de los hombres y mujeres de su lugar de origen. Su bicicleta, aparcada en los bajos del edificio municipal en observada por las personas que se acercaban a ella casi como un objeto de adoración. "Esta es la bicicleta con la que ha dado la vuelta a América. Esta misma bicicleta, con sesenta y cinco kilos de equipaje. Esta es la bicicleta". "TU GRAN AVETURA" Antonio Gómez, que no dejaba de ser vitoreado por sus paisanos en el curso del acto de homenaje, les dijo a sus vecinos que a lo largo de su viaje había hablado de Extremadura y de Torremocha en múltiples entrevistas y recepciones de que ha sido objeto en América. Les emplazó también a los próximos días, que piensa pasar en el pueblo, para contarles, en charlas o tertulias, el contenido de su gran aventura americana. "Estoy seguro de que os va a gustar", dijo. El acto se cerró con la entrega de una placa por parte del alcalde. En la placa figura el contorno de los países que ha recorrido y una leyenda: "El Ayuntamiento y el pueblo de Torremocha en reconocimiento de tu gran aventura". Finalmente, el himno de Extremadura, que fue escuchado por el ciclista aventurero con la solemnidad y casi marcialidad de un héroe". "Hay que ver la fe que tenemos. Con la que está cayendo y nosotros aquí, a recibir a Antonio. Esto es fe", comentaban un grupo de señoras bajo sus paraguas. "Antonio, ¿No me conoces? A ver si sabes quién es este calvo", le dijo un paisano antes de abrazarse a él. Escena que se repetía una y otra vez. Todos querían saludarle y que Antonio les reconociera y supiera sus nombres. Los padres alzaban a sus hijos para que él les besara. "Este es el más pequeño, tiene tres años y cuatro meses, como tu aventura". Rescatado de los abrazos por los periodistas, Antonio Gómez explicó parte de su aventura, recordando que cuando se dispuso a salir desde Madrid hacia América había preparado durante dos años el viaje, estudiando todo lo relacionado con el continente americano, sus países y sus gentes. Desde niño, América había sido para él una llamada más que simple curiosidad. Marcó el itinerario, dispuso el equipaje y el medio de transporte (la bicicleta) y les comunicó a sus compañeros de trabajo (un centro hospitalario de Madrid, donde trabajaba de enfermero) y familiares la gran noticia: "me voy". Antonio Gómez, a punto de cumplir los 40, divorciado, se echó el mundo en la mochila de su ha bicicleta y cruzó el Atlántico para redescubrir América sin espada ni armadura. Ahora, todavía despistado, atrapado en una ensoñación, como él mismo reconoce, necesita tiempo para reponerse: "He de digerir tan grandiosa y rica experiencia". Cuando adquiera verdadera conciencia de que está otra vez en casa y que no le esperan kilómetros y kilómetros de carreteras y caminos por recorrer, Antonio Gómez ordenará el material fotográfico y escrito que ha traído pensando, incluso, en la posibilidad de dedicarse por algún tiempo a recorrer el país explicando en conferencias o charlas la aventura americana, lo que ha visto y los contactos que ha tenido con la más variada gente: desde el campesino hasta deportistas, embajadores, políticos, etcétera. Antonio Gómez ha realizado el viaje consiguiendo ayudas y atención de las entidades e instituciones o habitantes en general de las localidades y países por los que ha pasado. Ha pasado por zonas en plena guerra (guerrillas); ha conocido también el contrapunto de miseria y enfermedades de algunos países, y sus necesidades y esperanzas. Ha sorteado peligros y comprobado las grandes dificultades de su aventura en bicicleta, lo que le hizo en algún momento pensar en dar marcha atrás. Por ello, afirma admirar a aquellos hombres, que hace quinientos años descubrieron y conquistaron América, "y que a pesar de ciertos hechos que no compartimos ahora eran auténticos superhombres", afirma, para concluir: "cada cosa en su época". Publicado en el diario hoy el lunes, 29 de mayo de 1989
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