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O R R E M O C H A | |||||||
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| Página personal, no institucional sobre Torremocha (Cáceres) |
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INFORMACIÓN
Participación
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Juan José Román Pérez, autor del libro “Del Salor al Bajo Duero”. Desde su nacimiento, 14 días antes de que se proclamara en España la Primera República, hasta su jubilación en 1996 a Juan José Román Pérez le a tocado ser testigo de numerosos cambios políticos durante una vida que no ha sido precisamente fácil. Para que su memoria y sobre todo los capítulos más difíciles no se olviden, Román los ha recogido en el libro “Del Salor al Bajo Duero”, donde cuenta, entre otras cosas, el nacimiento del movimiento obrero en Zamora. “El pasado no debe olvidarse sólo porque el estómago esté mejor alimentado” “A las generaciones que vienen detrás les digo que defiendan siempre a los más débiles frente a los más fuertes, aunque los primeros no tengan razón”
- Yo nací en el año 1931, 14 días antes de que se proclamase la Primera República. Por eso, mi intención a la hora de escribir este libro es hacer memoria de la difícil vida que me ha tocado vivir en los últimos sesenta años. No sólo a mí, si no a toda mi familia. Ya que mi padre por pertenecer al partido de Izquierda Republicana de Manuel Azaña sufrió varias detenciones y salió con vida gracias a que mi madre, que presumía de monárquica, tenía un tío capellán del Rey Alfonso XIII. Por eso en el primer capítulo del libro, en el que hablo de la guerra “incivil” (porque fue todo menos civil) narro el proceso de este conflicto. - ¿Qué fue peor la guerra o la posguerra?. - La posguerra sin duda. En la que tuvimos que pasar hambre, frío, miserias y enfermedades. Lo que suelen dejar detrás las guerras. A partir de ahí me toca trabajar en muchos oficios. El libro refleja ya alguno de ellos coger aceitunas, descardar, guardar vacas, ovejas, etc. Así hasta 1949, fecha en la que decidimos emigrar a Zaragoza toda la familia. Aunque entonces vinimos mitad y mitad porque no había medios. - ¿Por qué Zamora?. - Mi abuelo materno se queda viudo y conoce a una señora en Navalmoral de la Mata (Cáceres) y se casa con ella y se vienen a vivir a Zamora. Ese es el motivo, porque no es precisamente la zona con más esperanza de progreso ya que no hay industria. - ¿A qué público va dirigido este libro?. - Mi libro servirá para refrescar un poco la memoria del pasado. El pasado no debe olvidarse porque el estómago esté más alimentado. La memoria hay que tenerla presente para que no se repitan situaciones del pasado. Por eso se lo dedico a mis padres, que tanto sufrieron y tanto trabajaron para sacar adelante a seis hijos. - En su historia se adivina que usted es un hombre muy comprometido con las injusticias sociales. ¿Qué le lleva a ese compromiso?. - Lógicamente y en primer lugar la experiencia de mi padre. Después, el paso por tantos oficios en los que la injusticia siempre me ha sensibilizado. Tanto es así que muchas veces soy tan sensible que a veces voy por la calle y veo a un pobre hombre vendiendo y muchas veces le compro algo sin necesitarlo. Pero al mismo tiempo soy crítico, como el libro que a la vez está dotado de una gran sensibilidad humana. Yo he luchado siempre y he estado muy comprometido. Sobre todo cuando estuve trabajando en la empresa San Jerónimo donde había en la década de los sesenta una plantilla de 722 trabajadores y trabajadoras. Es una industria textil donde la mayoría son mujeres y también había fundición y talleres. Yo pido trabajo como herrero que era de lo que había trabajado en mi pueblo y me hacen una prueba, Esa prueba es la puesta de entrada que todavía existe en la fábrica. Y como la apruebo entro a trabajar el 30 de enero de 1954, que permanezco hasta 1969. - ¿Es en la fábrica dónde toma contacto con el movimiento sindical?. - Sí. Allí formamos un equipo de personas que creíamos en las consignas de Juan XXIII. Ese papa obrero al que siempre se le recordará como un hombre muy entregado. Tanto que el preguntaron un día que cuántas personas trabajaban en el Vaticano y contestó: la mitad. Bajo esa línea hacemos un equipo de cinco personas entre las que estábamos Ángel Ramos, Demetrio Madrid, Antonio Santa María, Pablo, cariñosamente conocido como “el bisagra”. Y es ahí donde prende un poco la semilla del movimiento obrero en Zamora. Llegaron a respetarnos tanto como a odiarnos los mandos intermedios de la empresa. Cuando tenían que llamar la atención a algún compañero y estábamos delante alguno de nosotros se abstenían. - ¿Fue difícil conseguir ese respeto?. - Mucho. Tanto que a mí el director me llamo en un par de ocasiones y muy sutilmente me dijo que podía ganar un poco más. Una opción muy tentadora porque yo tenía hijos estudiando. Pero nunca cedimos porque para que nos respetaran nuestros compañeros tenías que estar limpio del todo. Y a nosotros nos quisieron coger por el estómago. Nos movilizamos por muchos casos que considerábamos injustos. - Una vida muy dura. ¿Guarda alguna anécdota especial?. - Como anécdota, decir que trabaje hasta de peón, a pico y pala, en el sótano del Instituto Nacional de Previsión donde me jubilo como jefe de Negociado en la recaudación Ejecutiva, yo iba con el peto, las alpargatas y la camisa “ralina” porque mi madre me la lavaba todos los días pero siempre me tenía que meter con ella en la cama para que se secara. - ¿Qué le recomendarías a las generaciones posteriores?. - A las generaciones que vienen detrás de nosotros este libro les será
de ayuda. En la contraportada hago un llamamiento para que luchen por la verdad,
la justicia, la libertad y que se personalicen contra las falsas propagandas que
tratan de envilecer nuestro cociente intelectual. Y sobre todo, que defiendan
siempre a los más débiles contra los más fuertes aunque los
primeros no tengan razón.
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